Luego de importantes cambios Catupecu Machu llega con un nuevo material titulado El mezcal y la cobra, donde aseguran que Gabriel Ruiz Díaz está más presente que nunca. Una nota exclusiva de Crónica Rock.
Por Julieta Miguelez
Fotos: Martín Dubovich
Catupecu Machu arremete en la escena nacional con nueva formación y disco, El mezcal y la cobra, el octavo de la banda integrada por Fernando Ruiz Díaz (voz, guitarras y bajos), Macabre (coros, teclado, samplers y sintetizadores), Sebastián Cáceres (guitarras y bajos) y Agustín Rocino (batería), su más reciente incorporación y ex bajista de Cuentos Borgeanos.
Sucede que estos últimos meses fueron tiempos de cambios grandes. Javier Herrlein, su batero, abandonó el grupo junto al histórico mánager Fausto Lomba.
El mezcal y la cobra es el resultado de unos siete meses de trabajo y consolidación interna que les devolvieron la magia que necesitaban para continuar. Sincronismo, vibración, conexión y energía son las palabras que más los representan. En este contexto, su ex bajista, Gabriel Ruiz Díaz, quien luego de haber sufrido un grave accidente automovilístico en 2006 quedó forzosamente afuera del grupo, esta más presente que nunca.
Así es como hoy llegan renovados y seguros de que van por el camino correcto, porque ahora la energía fluye y su resultado es El mezcal y la cobra.
Fernando Ruiz Díaz comienza la charla en las instalaciones de Buller Recoleta, un bar del que la banda es habitué. “Como en todos nuestros discos, buscamos un sonido nuevo, algo diferente. Estamos disfrutando de este momento que es el resumen del trabajo de los últimos siete meses”, cuenta el líder y voz de la banda. “Si bien los álbumes siempre son distintos, porque nos sometemos a cosas distintas y vivimos situaciones distintas, mirándolo a la distancia este es un disco más abierto que ‘Simetría de Moebius’ (editado en 2009) porque cada vez que resolvés un conflicto, que era lo que estaba pasando adentro de Catupecu, te sentís como más liberado”, explica Fernando haciendo alusión a la ida de Herrlein y Fausto.
Por su parte, Macabre cuenta algunos detalles sobre el disco: “Técnicamente hablando, está compuesto por doce canciones, diez originales y un interludio. Como en todos los discos de Catupecu, siempre hay un cover: en este caso, ‘Shakulute peruano’, que es el mismo tema que ‘El mezcal y la cobra’, pero en una versión interpretada con otros instrumentos y grabada en vivo desde nuestro control. A diferencia de los dos álbumes anteriores, este es muy heterogéneo. En cada canción hay instrumentaciones diferentes y distintos universos en cuanto al audio”.
-¿Qué conserva de Catupecu y qué trae como una propuesta nueva este material?
(Fernando Ruiz Díaz) -Por el estado que nos generó hacer este disco, tiene más de Catupecu que “Simetría de Moebius”, que me parece uno de los nuestros mejores álbumes. Sucede que hay cierta vibración que logramos entre nosotros cuatro. Por eso creo que en esencia es muy Catupecu.
(Sebastián Cáceres) -Los dos discos anteriores tienen un arte diferente, con colores oscuros; en cambio “El mezcal…” es muy luminoso. Con las canciones también pasó lo mismo, son más abiertas, mientras que “Simetría…” es más encriptado.
-Este material es producto de cambios muy fuertes hacia el interior de la banda. ¿Este disco marca el comienzo de una nueva etapa o el fin de otra?
(F. R. D.) -Pesando en si es el principio o el final, este es el inicio de una nueva etapa. El término de un ciclo lo marcó “Simetría…”, que es el mejor disco que podría representar esta circunstancia. Ahí también está latente el conflicto interno que teníamos y que nos llevó a separarnos de Herrlein y de Fausto.
-¿Los motivos de la separación fueron musicales o personales?
(F. R. D.) -Lo musical es algo que fluye. Eso de ‘Yo quiero hacer esto y vos lo otro’ es porque no estás en sincro. Porque las diferencias se solucionan. Es mentira que los grupos se separan por diferencias musicales, porque ellas surgen cuando no hay conexión donde la tiene que haber. Son las diversas formas de ver la vida en un momento determinado y un grupo de rock, con todo lo bueno y lo malo, es una manera de ver la vida.
-Tantos cambios importantes los deben haber puesto en la situación de repensarse como banda. ¿De qué cosas se agarraron para continuar con este proyecto y no tomar otros rumbos?
(F. R. D.) -Muy seguido me preguntan qué siento por ser el único que está desde el comienzo en la banda. Pero en realidad, cuando empezás a indagar en el árbol genealógico de Catupecu, ves que los cuatro estamos juntos desde el inicio del grupo, conectados con el otro de maneras diferentes. Por ejemplo, Macabre venía a la sala a grabar con nosotros antes de sacar “Dale” y Sebastián trabajaba con Gabi desde hacía mucho tiempo. Entre nosotros todo está muy entrelazado. Quizá quien lo ve de afuera nota que los nombres cambian, pero en verdad siempre estuvimos juntos. Todos los que pasaron por Catupecu fueron determinantes para la banda. Me acuerdo cuando tocaban Zeta y Pichu. No había otras personas para estar en ese lugar, solo ellos porque así tenía que ser. Y así pasó con todos los integrantes.
(S. C.) -Somos todos viejos amigos, no hay gente nueva.
-Es evidente que las conexiones y la causalidad desembocaron en este nuevo material. Este disco tiene un halo místico, desde sus letras hasta su arte. ¿En lo personal le dan importancia a lo espiritual?
(F. R. D.) -Sí, siempre, todo el tiempo. Catupecu tiene una cierta manera de ver las cosas, una seudoreligión. Es cuasi litúrgico. Nací católico pero me importan un carajo las religiones. La única con la que simpatizo es con el budismo, donde estás vos solo, meditando. Cuando volvimos a tocar después del accidente de Gabi, justo venían las actuaciones en Obras. Algo me decía que teníamos que tocar, mis viejos nos insistían que toquemos y el Zorro, un amigo, me dijo una cosa que me mató: “Y bueno... Los religiosos oran, otros meditan y nosotros, los músicos, tocamos. Es nuestra meditación”. Catupecu vive eso todos los días. La verdad es que lo que siento respecto de nuestra historia, de todo lo vivido, de las llegadas e idas de los integrantes, es que Catupecu vuelve siempre al origen pero totalmente cambiado. Es como el yin y el yang: nunca está de moda pero nunca pasa de moda.
(Macabre) -A la hora de subir al escenario, si no hay sincronismo, aunque venga el mejor sesionista del mundo, no podés transmitir. Y esa es nuestra intención. Somos cuatro guerreros. Encaramos la vida de forma épica. Cuando vamos a tocar nos ponemos nerviosos y ansiosos al igual que la primera vez, y sabemos que nos vamos a morir arriba de un escenario. Ahora, imaginate tener que encarar esa energía con un eximio baterista pero al que no conocés. No te podés conectar.
-Dijeron que Gabi está más presente que nunca en este último disco. ¿De qué manera?
(M.) -“Cristalizado” (track 6 de “El mezcal y la cobra”) fue compuesto por Fer y Gabi. Después se armó con toda la orquesta, pero la génesis es ciento por ciento Ruiz Díaz. Lo que perdura en el tiempo son las ideas y no los hombres. Si bien Gabriel no nos acompaña físicamente, sus ideas y el concepto de cómo llevar las cosas adelante están muy presente sen nosotros. No dejó ningún manual, pero está.
(Agustín Rocino) -Soy la última incorporación de Catupecu y cuando los conocí, hace muchos años, fue Gabi quien me trajo y me enseñó a producir, a tocar el bajo. Siempre me guió y aconsejó. Y así de presente estuvo siempre con cada uno de nosotros. Hoy por hoy muchas veces, a la hora de tomar una decisión, pensamos en qué hubiera hecho él.
(F. R. D.) -Gabi tenía una manera de vivir las cosas muy particular, y uno aprendía de eso. El veía una paleta de colores y nos guiaba. Una gran característica de él, maravillosa, es que no era mezquino y te inspiraba todo el tiempo. Su influencia en nosotros no tiene que ver con una cuestión solo de conocimiento, sino de mirada.
(S. C.) -Gabi está presente desde muchos aspectos. Uno de ellos es la producción que ambos lograron hacer con este disco, cómo emplearon todo lo que Gabi les enseñó durante tantos años. Antes del accidente Gabi era el director de todo en la banda. El sabía cómo se tenían que hacer las cosas, cuándo, quién, y dónde. El resto lo iba acompañando. Después del accidente tuvimos que aprender a seguir adelante. Ya pasaron cinco años y hoy es nuestro mejor momento como banda. El nivel que tenemos ahora y la mística que funciona entre nosotros es lo que Gabi buscaba hace cinco años atrás. Logramos lo que él sabía hace mucho tiempo que iba a pasar y por eso está más presente que nunca.
(F. R. D.) -Nos separamos de Fausto y Herrlein porque no estaba pasando eso que siempre tuvimos. Se había acabado la magia entre nosotros, aunque hicimos mucho esfuerzo por revertir esa situación.
“Cristalizado” es uno de los temas de este nuevo material y trae consigo una historia de lucha, amor y perseverancia. “Venía de varios de esos días tristes. Lo extrañaba mucho a Gabi y me fui a su casa hecho una tromba. Cuando llegué estaba con mi mamá, una enfermera y mi hermanita. Le dije: ‘Te vengo a buscar y vamos a hacer una canción ahora’. Agarré la silla en la que él está, me lo llevé al comedor, cerré la puerta y le dije: ‘Bueno, Gabi, vamos a entendernos con nuestros códigos y a convocar a las musas -cuenta Fernando muy emocionado-. Con lapicera y cuaderno en mano, bajaron las musas y salió el tema entero. Decidimos no ponerlo a su nombre porque es complicadísimo que él vaya a firmar y hacer esas cuestiones burocráticas, pero la canción es de los dos”.
-¿Cómo es el estado de salud de Gabriel hoy?
(F. R. D.) -Es difícil entenderlo, porque él está bien a pesar de su cuadro. El otro día le llevamos el vinilo. Se emocionó, lo agarró y se puso a hablar, aunque no le entendíamos muy bien lo que nos decía. Estábamos todos juntos. Respecto de su estado él no salta, no corre, no toca el bajo pero, aunque no entienda muy bien el viaje que vive, está presente. Se comunica a su manera y está bien atendido y rodeado de amor. Todos los días va a un centro de rehabilitación. No está como todos quisiéramos y mentiría si dijera lo contrario, pero está bien. Pensando muy a lo Gabi y mal que nos pese a todos, las cosas son como tienen que ser y eso lo aprendimos de él, que nunca en nuestra historia se quejó de algo que salió mal. Gabi está consciente: te abraza, te da muchos besos, se ríe y nos dice a su manera que está todo bien. Es real la percepción.
-¿Por qué decidieron sumarle al formato CD+DVD un vinilo?
-En 2003, cuando hicimos “Cuadros”, Gabi ya había averiguado para sacar un vinilo. Sucede que revivió y se volvió a consumir. Con este vinilo de Catupecu, pasó una cosa muy particular: la gente lo compra para tenerlo como objeto aunque no tengan tocadiscos. Por otra parte en el DVD hay imágenes de toda la grabación del álbum.
-En año electoral, ¿qué visión tienen sobre la política actual?
(F. R. D.) -Podría parafrasear a Gabi, quien durante una nota en 2003 dijo: “El cambio va a venir desde lo humano”. Si un artista utilizara la imagen de otro que lo inspiró para vender su obra, todos dirían que es un trucho. No me hablés de Picasso, pintá vos. Eso mismo pasa ahora con los partidos políticos: usan imágenes e ídolos de antes, gritan en sus discursos como antes. Pero eso ya no sirve más. El cambio está en la gente. Mi consejo, aunque no puedo darlos sobre nada, es: “Basta de las peleas entre estúpidos”. Hay que entender que solo lo humano y lo espiritual van a cambiar las cosas. Me gustaría que el político que gane se sincere y trabaje por la gente. Pero en la política son egoístas. Les encanta el poder y el gran sueldo, y después engañan a la gente. El cambio viene por pensar que al lado de vos hay una persona que sufre. Si alguna vez tengo hijos quiero que vayan a una escuela pública y que tengan garantizada la salud. Nosotros somos músicos, artistas. El artista no sanatea. Conviértanse los políticos un poco en poetas y todo va a ir mejor.
Mis felicitaciones a esta terrble banda...Originales siempre y dando siempre una vuelta mas a todo. Mucha fuerza para Gaby, guerrero de la vida.
Inicio | Canales RSS | Depto. Comercial| Contáctenos | Condiciones de Uso